María Guerrero fue una mujer
excepcional. Una de las primeras empresarias teatrales, su incansable labor
difusora de la autoría española, dentro y fuera de nuestro país, fue premiada
en vida con la Gran Cruz de Alfonso XII y con el nombramiento de hija predilecta
de Madrid.
Tras recibir su educación en el
Colegio de San Luis de los Franceses de Madrid, estudió, a partir de 1885, arte
dramático con la actriz Teodora Lamadrid. Debutó el 28 de octubre de 1885 con
la obra Sin familia, de Miguel Echegaray en el Teatro de la Comedia de Madrid. Desde
1890, ya como primera actriz del Teatro Español, actuó en obras clásicas y de
José Echegaray con gran éxito. Amplió estudios en París con el actor y director
Benoît-Constant Coquelin en 1891. De vuelta a España, comenzó a trabajar en el
Teatro de la Comedia. Más tarde, en 1894, regresó al Español. Ese mismo año,
abandona la compañía de Emilio Mario para crear la suya propia. Un año después
coincide sobre ese escenario con la actriz Sarah Bernhardt interpretando en
francés La esfinge.
Se casó el 10 de enero de 1896
con el actor Fernando Díaz de Mendoza, un aristócrata y Grande de España
arruinado, con quien estableció su propia compañía teatral. En ella se
integraron, a lo largo del tiempo, grandes nombres de la escena española del
primer tercio del siglo XX: María Fernanda Ladrón de Guevara, Catalina Bárcena,
María Cancio, Emilio Thuillier, Elena Salvador, Josefina Blanco, Emilio Mesejo,
Felipe Carsi, Alfredo Cirera, Hortensia Gelabert, Pedro Codina, Luis Medrano...
Tras el nacimiento de sus dos
hijos (Luis Fernando, 5 de marzo de 1897, y Carlos Fernando, 4 de septiembre de
1898), en 1899 emprendió una gira por Latinoamérica a la que siguió, un año después,
otra por Francia, Bélgica e Italia. Repitió en sucesivos años giras por
Latinoamérica (1908, 1910, 1914...), con especial querencia por Uruguay y
Argentina. En la ciudad argentina de Córdoba, fue una de las inauguradoras del
Teatro del Libertador San Martín (llamado en su época Teatro Rivera Indarte);
en Buenos Aires inauguró el Teatro Avenida e hizo donativos para que se
construyera el que es hoy llamado Teatro Nacional Cervantes. En 1925 actuó en
la Manhattan Opera House de Nueva York.
A lo largo de su carrera estrenó,
entre otras, obras de los Premio Nobel de Literatura Jacinto Benavente y José
de Echegaray, así como de Benito Pérez Galdós, Eduardo Marquina, Valle-Inclán o
los Hermanos Álvarez Quintero.
Falleció a consecuencia de un
ataque de uremia, tan sólo siete días después de tener que suspender los
ensayos del que habría sido su siguiente estreno: Doña Diabla, de Luis
Fernández Ardavín. Está enterrada en el Cementerio de la Almudena de Madrid.
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